Historia de “Big-Ban”. 

Por Fabián González Hernández.

 

Las historias son como los virus. Se propagan de mente en mente y a cada quien le afecta diferente. Uno se infecta realmente de las historias, las hace suyas, cuando las cuenta, cuando las platica. Y al final de todo lo que queda de ellas es una minúscula masa que ocupan en nuestro cerebro y que se contagia y se transforma  al hacerla palabras,  como plastilina, afectando a unos más a otros menos, haciendo que recordemos, además de la historia, el momento en que la compartimos….

La historia de Junapu Papu es sobre el principio del mundo (y es que “el mundo” siempre se está refundando ) que me contaron que cuenta un pueblo que vive en el Amazonas. Este cuento trata de cuando las familias dejaron de andar de un lugar a otro  para mejor asentarse en aldeas, dejando de ser “cazadores recolectores” para transformarse en sedentarios, como diría la ciencia. 

 

 

La familia de Junapu Papu  habitaba el Amazonas,  cazando animales y recogiendo frutos, raíces y semillas de lo que la selva les daba sin alterar el ritmo de la vida, formando parte de un todo impecable, buscando saber como vivir al ritmo de un universo mágico, inaprensible, del que se forma parte. Él era feliz con esta vida, a la que no le faltaban las aventuras, ya que el movimiento era constante; los paisajes cambiaban, como los colores y olores durante el día, con el viaje del sol y de sus pies en la tierra, que al anochecer se transformaba por completo siendo  un enigma a resolver al que nunca se le acababan los misterios, las plantas, los arboles, los insectos, los peces, los felinos, los venados, las serpientes, los nuevos animales y plantas que bautizaba al descubrirlos, haciendo labor de “Dios”... 

Pero este conocimiento de la selva, este ir y venir también sirvió para otros,  como algunas mujeres a las que no les era cómodo siempre estar en movimiento, ya que  se embarazaban, se ponían pesadas para andar o tenían que arrear a los pequeños, y usaron sus observaciones para quedarse en un solo sitio, viendo como la calabaza, por ejemplo, crecía en lugares donde anteriormente habían permanecido, y se pusieron a transformar   animales y plantas, haciendolos   mansos.  Convencieron a  otros de que adaptar la selva, que sembrar  y criar algunos animales era mejor que ir tras de ellos todo el tiempo.

Así que convocaron a una Asamblea, para proponer los cambios que querían realizar. A muchos les pareció buena la idea.  Junapu Papu, se oponía  y daba voz a través de su voz a los animales y plantas que iban a ser sacrificados, ya que entre los planes estaba usar el sagrado y peligroso conocimiento del fuego para quemarlos. Y por más que argumentó, gritó y pataleó  en contra de la destrucción y alteración de la vida, abogando a favor de las otras especies, animales y plantas que se destruirían con el cambio, a la compasión por lo pequeño y al respeto por el equilibrio del todo, hasta abogando por lo “desconocido”, los de su clan decidieron asentarse, viendo más comodidad quedándose en un solo sitio e intentando controlar la vida, adaptando la selva a la vida del hombre,  al revés de como lo llevaban haciendo desde generaciones antes. 

Junapu Papu no quiso acatar el acuerdo y prefirió convertirse en  ermitaño, separarse de los suyos, vivir apartado de la tribu, sin hermanos, sin mayores, cuyos esfuerzos ahora se iban a encaminar hacia donde él no quería. Así se hizo rebelde y, como buen rebelde, se quedó solo.

Y después del fuego y la destrucción, hubo quienes se revelaron como buenos arquitectos, y construyeron casas, almacenes, establos. Otros se abocaron a los sembradíos, haciéndose ingenieros, realizando presas, canales de riego y pequeños ductos, donde se sembrarían las plantas y los árboles mas propicios para su vida y domesticarían a los animales que les gustaba comer y que no eran agresivos para tenerlos a la mano, revelándose  veterinarios . Y se instalaron y aprendieron unos de otros  intercambiando plantas, alimenticias o curativas, así como herramientas, creencias y métodos de cultivo. (Revelándose comerciantes, filósofos, médicos cirujanos).

A  Junapu papu no le gustó el cambio y prefirió seguir viviendo como antes. Le dolió que quemaran la selva, su madre. Su familia lo quiso convencer, sus hermanos le presentaron cuñadas, mujeres bellas para formar familia y asentarse en la aldea. Pero no se sintió a gusto. Extrañaba los sonidos de los insectos, pájaros, monos, serpientes, cigarras, todo al mismo tiempo. Extrañaba los días de acecho,  de hambre y saciedad, de camuflaje y fuga.   Así que abandonó a los suyos y se reveló Rebelde.

 Siguió la vida, Junapu Papu por su lado y la aldea por el otro, cada quien en su lugar, resolviendo los problemas de la vida cada uno a su manera. Solo de vez en cuando las correrías de Junapu Papu lo llevaban hasta las cercanías de la aldea, donde intercambiaba alguna planta o carne de animal por  mazorcas de Maiz, el nuevo grano que habían “domesticado”, que no se daba en estado silvestre, pero se entristecía de la vida quemada. Fuera de eso, no tenia contacto con los suyos. 

Así, un día en el que llevaba ya unos años sin ver a nadie, persiguiendo al venado, embarrado de sus desechos para no ser percibido, comiendo algunas raíces y frutos, para ser como su presa, sin querer cayó de un árbol por la torcedura de una rama y en su caída encontró a un gusanito medio quemado por la espalda, que de milagro había logrado escapar a la ultima quema de selva organizada.

Junapu Papu se compadeció del bicho y lo echó en su mochila. Tras culminar la caza de un venado viejo, que le agradeció una muerte rápida, logró curar al gusano, con la savia de una planta, y compartió con él su comida. Le hizo cariños. Le puso nombre: “Big- Ban”….

 Aquel ser se convirtió en un alivio para la   soledad de Junapu Papu y desde aquel día se sintió responsable por su vida y se dedicó a alimentarlo. El hecho de que la criatura haya sido victima de su ex comunidad, al quemar la selva, a la que él tanto se opuso en la asamblea, le daba un aire de venganza y de razón, que el animalito alimentaba, a la vez que lo hacia sentirse responsable y bueno.

 Al ser el mejor cazador, es verdad que se había quedado sin mucho que hacer desde que vivía solo, ya que una presa le alcanzaba  para varios días, teniendo que desperdiciar a veces, lo que le causaba remordimiento. Así que alimentar a su nuevo amigo se convirtió en una placentera distracción, al que no había animal que se le dificultara meter en una red, o atravesar con una flecha o cerbatana.

Empezó por llevar animales pequeños, que cupieran en la pequeña boca de su amigo. Y así, poco a poco, sin darse cuenta, Junapu papu fue ocupando todas las horas del día, teniendo un objetivo altruista, de bondad: alimentar al amigo que había sido victima de los que alguna vez le negaron la razón, el sentido de su vida, y no se daba cuenta del apetito del bicho, cuya hambre estaba acabándose la selva tan querida por Junapu Papu, que cambió hasta por su propia familia, así que sin percatarse estaba sacrificando lo que más quería, solo para sentirse mas razonable.

Así, dándole de comer a su nuevo hermano los animales , desde el más pequeño hasta el más grande, comenzando con las hormigas para las que construyó trampas que las llevaban  a las fauces de la boca del gusano, siguiendo con los pajaritos, las mariposas, los peces,  que atrapó en redes; siguiendo con los tapires y armadillos, ardillas y monos, jaguares y venados que iban al estomago de “Universo”, quien a su vez comía por su cuenta arboles y  plantas que le quedaban cerca, fue desapareciendo todo en el estomago del gusano.

Tanto trabajaba Junapu Papu que no se percató que no quedaba más selva, que “Universo” se la había comido y que no había más remedio que obtener un animal de la aldea, así que fue  y robó a uno de los venados domesticados de sus antiguos hermanos, quienes al percatarse  convocaron a una asamblea donde acordaron cazar al cazador  cuando lo volviera a hacer, para lo que idearon una trampa, en la que, días después, fue presa el grandioso cazador.  Los antiguos camaradas de Junapu Papu, al encontrarlo agonizante lo quisieron curar, pero ya era tarde.

 “Big-Ban”, que para este momento ya era enorme, se cansó de esperar a su Padre y se encaminó a la aldea donde lo encontró muerto. Y comenzó la guerra. Los de la aldea se defendieron como pudieron, con flechas y lanzas, pero no fue suficiente para el tamaño y el poder de “Big-Ban” que se los comió a todos, con casas, animales y plantas domesticados. Con abuelitas, niños y niñas.

Y desde  ese día, dicen, lo que vemos como el Sol en realidad es la boca de “Big-Ban”, que nos comió. La luna es su cola o ano y las estrellas son los agujeros que le hicieron con sus flechas los de la aldea  cuando se enfrentaron. Y Junapu Papu es el hombre ideal por el que “Big- Ban” llora, y busca compensar con su hambre infinita.


FIN.

Fabián González Hernández.

Julio y Agosto, Pandemia 2020.

 

 

 

 

 

 

 

  

Comentarios